No es muy habitual oír en las aulas de infantil una queja de aburrimiento, pero algunas veces, nos llegan. Me preocupa cuando lo oigo, y pienso si les estaré ofreciendo los estímulos suficientes para su desarrollo, aprendizaje, divertimento...
Pero creo que la razón es el exceso. La mayoría de los niños y niñas de hoy en día -en nuestro mundo occidental-, tienen tanto y de forma tan inmediata son satisfechos sus deseos, que a veces no son capaces de disfrutarlo.
Y entonces observo que la cosa más nimia -unos cartones, papeles de colores- les empuja a desarrollar activamente su creatividad; de pronto tienen entre sus manos un avión, un gigante, una enorme mariposa, o construyen un rascacielos al que van incorporando personajillos que suben y bajan...
Todo, ellos solos, con la única ayuda del adulto para alcanzar los lugares a los que aún no llegan.
Y ahí seguimos nosotros, tratando de darles la luna, cuando lo que nos están pidiendo únicamente es acompañarles en el viaje.
¿Aprenderemos algún día?