En la aridez de un patio que nos ofrece -debido a las limitaciones provocadas por la pandemia- pocas posibilidades de juego, un saltamontes atrapa toda nuestra atención. Los niños y niñas se arremolinan en torno al animalito con gran expectación, viendo los saltos -como su nombre indica- que da, entre exclamaciones ¡no hay que matarlo! y grititos de emoción.
Un bicho. Nada más hace falta para atraer su interés.
¿Sorprendente?
