Desde el primer día enseñamos a los niños y niñas con los que compartiremos muchas horas de convivencia a ser asertivos, a saber expresar lo que sienten de manera adecuada y aprender a pedirse perdón.
Estos momentos iniciales se hará de forma muy simple: quien se ha sentido agredido dice al otro una frase del tipo
"no me gusta que... (me empujes, me quites el juguete...)". La otra persona responde:
perdón. En las sillitas preparadas especialmente para esto, se dan un abrazo.
Y tan contentos, como si no hubiera pasado nada, vuelven a jugar juntos.
Más adelante aprenderán a elaborar más el mensaje: qué podían haber hecho en lugar de agredir o molestar (esperar, pedir por favor...) , de qué otras formas se puede resolver un conflicto...
Así vamos practicando para la vida. Nuestro afán -¿utópico?- como educadoras es ayudarles a que de adultos sepan expresar su disgusto o queja de forma adecuada, aprendan a escuchar, a disculparse, y a saber recibir el perdón del otro.
El mundo iría mucho mejor...